Hallazgo bajo el hielo de la Antártida: encontraron un animal a 183 metros de profundidad
El descubrimiento sorprendió a los investigadores y abrió nuevos interrogantes sobre la vida en uno de los ambientes más extremos del planeta.
Un hallazgo inesperado bajo el hielo de la Antártida sorprendió a un grupo de científicos de la NASA durante una exploración realizada en la plataforma de hielo de Ross. A 183 metros de profundidad, una cámara introducida por un estrecho túnel en el hielo captó algo que los investigadores no esperaban encontrar: un pequeño animal nadando alrededor del equipo.
La misión se desarrolló en 2009 y tenía como objetivo estudiar el ambiente que existe debajo de la enorme plataforma de hielo. Los científicos esperaban encontrar indicios de actividad microbiana, pero las imágenes mostraron una criatura de mayor complejidad biológica desplazándose con normalidad en completa oscuridad.
El organismo fue identificado como un anfípodo lisianásido, un pequeño crustáceo marino emparentado con las gambas.
El extraño animal que apareció
Para llegar hasta ese ambiente, los investigadores utilizaron una cámara desarrollada por el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, que fue introducida a través de una perforación realizada en la plataforma de hielo de Ross.
La cámara permitió observar por primera vez qué ocurría debajo de una capa de hielo de aproximadamente 183 metros de espesor.
La sorpresa apareció cuando el animal ingresó en el campo de visión.
El anfípodo no pasó simplemente frente a la cámara. Según describieron los investigadores, nadó alrededor del cable, se posó sobre él y se acercó al dispositivo, como si estuviera explorando el objeto desconocido que había aparecido en su ambiente.
La escena dejó desconcertados a los científicos que seguían las imágenes desde la superficie.
Una criatura en un ambiente casi sin luz solar
Lo que convirtió al hallazgo en algo particularmente llamativo fue el lugar donde apareció el animal.
La criatura fue observada a unos 32 kilómetros del océano abierto, debajo de una gigantesca plataforma de hielo y en un ambiente prácticamente aislado de la luz solar.
En esas condiciones, la existencia de un animal relativamente complejo planteó una pregunta fundamental: ¿de dónde obtiene alimento un ecosistema que se encuentra tan alejado de las aguas abiertas?
El descubrimiento sugirió que el ambiente situado debajo de la plataforma de hielo podría estar conectado de alguna manera con zonas donde existe disponibilidad de nutrientes.
¿Cómo llegó hasta allí?
Los anfípodos son pequeños crustáceos que cumplen diferentes funciones dentro de los ecosistemas marinos. Algunas especies actúan como carroñeras, aprovechando materia orgánica procedente de otros organismos.
Por eso, la presencia del animal bajo la plataforma de hielo abrió un interrogante sobre la circulación de nutrientes en esa región de la Antártida.
Si un anfípodo podía vivir y desplazarse en ese ambiente, los investigadores comenzaron a considerar la posibilidad de que existiera una comunidad biológica más amplia debajo del hielo.
La pregunta no era solamente cómo había llegado hasta allí, sino también qué otros organismos podían formar parte de ese ecosistema oculto.
La cámara de la NASA
El científico de la NASA Robert Bindschadler recordó el impacto que produjo el descubrimiento entre los integrantes de la misión.
Los investigadores se encontraban reunidos alrededor del monitor cuando observaron al animal desplazándose frente a la cámara.
El comportamiento del anfípodo hizo todavía más llamativa la escena: la criatura interactuó con el cable y permaneció durante un tiempo dentro del campo de visión, permitiendo que los científicos pudieran observarla con claridad.
El hallazgo demostró que incluso en un entorno aparentemente inhóspito pueden existir organismos capaces de adaptarse a condiciones extremas.
También encontraron restos de otros organismos
La evidencia de vida no terminó con el anfípodo.
Durante la recuperación del cable utilizado para realizar la exploración, los científicos encontraron restos compatibles con medusas adheridos al equipo.
Ese detalle reforzó la idea de que el encuentro con el crustáceo no necesariamente había sido un hecho aislado.
La presencia de diferentes restos biológicos sugirió que el agua situada debajo de la plataforma podía transportar materia orgánica y sostener algún nivel de actividad biológica.
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