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En este espectáculo interdisciplinario, que incluye ópera y ballet, predominan los artistas jóvenes, que interpretan a numerosos personajes shakespereanos. La obra puede verse los sábados en Polo Cultural Saldías.

La obra de William Shakespeare es infinita y en cada época motiva nuevas lecturas. La actriz Romina Richi, recientemente recibida de la carrera de Dirección Escénica de Ópera en el Instituto Superior del Teatro Colón, decidió explorar el universo shakesperiano con el foco puesto en la tragedia de Romeo y Julieta. Su abordaje lleva por título Es teatro, es deseo: Julieta y Romeo, y juega con otros personajes del Bardo: Lady Macbeth, Hamlet, Ofelia, Ricardo III, Calibán, Cleopatra. La puesta está protagonizada por su hija, Margarita Páez, Balthazar Murillo y Leonora Balcarce, junto a un elenco numeroso que incluye actores, actrices, bailarines, cantantes y músicos. Puede verse en Polo Cultural Saldías (San Pedro de Jujuy 4) los sábados a las 20.

Sobre el origen de este proyecto, Richi cuenta a Página/12: “El segundo año de la carrera fue todo Shakespeare, así que tuve tiempo para estudiar un montón. De hecho, los exámenes fueron con Romeo y Julieta así que ya la tenía bastante estudiada. Pero siento que recién ahora decantó todo. Terminé la carrera en tres años, es difícil si trabajás. Por suerte me agarró durante la pandemia entonces pude rendir todas las materias y terminé haciendo una película que participó del BAFICI como evento especial”. Esa película era Las chinas, un mediometraje de cine-ópera protagonizado por Guillermo Pfening, Dolores Fonzi, Julieta Cardinali y Leonora Balcarce, donde la directora deconstruía Le Cinesi, la ópera del compositor alemán Christoph Willibald Gluck.

 

Esta relectura de Romeo y Julieta –que antepone el nombre de la protagonista femenina– está basada en la obra de Shakespeare pero también recupera la ópera de Charles Gounod, el ballet de Sergei Prokofiev y la versión de Tchaikovsky. “No retomé el de Bellini, por ejemplo –aclara Richi–. Antiguamente agarraban Romeo y Julieta y hacían lo que querían; hoy no se puede. Sí con Shakespeare porque ya pasaron muchos años de su muerte, pero en otros casos hay que pagar derechos de autor. Hoy no pueden hacer cualquier cosa con tu obra. Bellini hizo I Capuleti e i Montecchi, la destrozó. Agarró las familias y le puso ese título. Tremendo. Yo me guie por la ópera de Gounod, saqué los recitativos y los convertí en escena. Partimos del original de Shakespeare, pero nuestra obra dura una hora quince y la ópera dura como dos horas y media; hacerlo todo cantado lleva otro tiempo”.

Para concretar esta obra se organizó un gran casting al que se presentaron más de 400 personas. Hoy hay 36 artistas en escena y la mayoría fueron elegidos en ese proceso que, además, fue filmado para una película. Margarita recuerda el entusiasmo que le generaba el proyecto de su madre y cuenta que con su novio y co-protagonista, Balthazar Murillo, solían ir a espiar el casting: “Nos re interesa ese momento y fueron un montón de personas entonces era muy lindo verlos interpretar esos textos de Shakespeare. Mi mamá nos había dicho que quería que nosotros fuésemos Romeo y Julieta pero los dos estábamos con otras obras, él estaba ensayando en el Cervantes Un joven golondrina. Cuando llegó el momento de decidir, mamá nos dijo: ‘Son ustedes’. Y nosotros dijimos: ‘Sí, ya fue’”.

Con esa naturalidad se dio todo, aunque Richi tenía sus dudas y advierte que “no los quería cargar a ellos con ese peso” porque “sabía que iba a ser bastante rígida con un montón de cosas y me iba a costar un poco ponerme demasiado brava”. Pero después se fue dando; Margarita y Balthazar querían estar ahí, formar parte de esa producción. “En algún momento pensé que quizás no estaba tan buena la idea. Era una locura todo lo de la ópera, el ballet, los otros personajes. Pero por suerte se decidieron porque para mí son ellos”, celebra la directora.

Ficción, amor y realidad

–Julieta no es un personaje fácil de encarnar. ¿Cuáles fueron los desafíos y cómo la encontraste?

Margarita Páez: –Para mí fue un gran desafío y lo sigue siendo. Al principio yo no encontraba a Julieta. La encontré justo antes de estrenar, recién en el ensayo general. Ya había aparecido algo en los ensayos, se había asomado pero terminé de encontrarla cuando hicimos la pasada completa con el vestuario, las luces, los cantantes, los músicos, los bailarines. Hasta ese momento no había acumulación. Éramos muchos actores y pasar una sola escena recortada del resto no es lo mismo. Es muy difícil trabajar por fragmentos, encontrar el antes y el después, ese arco de todo lo que le pasa a Julieta. Ahora lo estoy disfrutando porque es un gran protagónico y el proyecto es hermoso, encima actúo con mi novio. Es disfrutable al máximo. Como actriz este trabajo me desafió un montón y lo sigue haciendo. Es un sueño hecho realidad.

–¿Cómo se actúa cada noche de Julieta cuando Romeo es tu novio en la vida real?

M.P.: –Hay algo que a mí me pasa y no lo había hablado con él hasta hoy. Yo siento que cuando actúo con él... como que no es él. Hoy lo pude verbalizar por primera vez. No lo veo a él, veo a Romeo o a otra persona. Sin embargo, el amor que ellos tienen es tan puro que ahí hay algo muy real. Obviamente sé que es mi novio pero, a la vez, es como enamorarme de esa persona por primera vez ahí, en el escenario. Para mí realmente es así. Nos llevamos muy bien. Por supuesto tenemos nuestras chispas pero siempre lo arreglamos con bromas. Para nosotros todo es un chiste, nos reímos de todo entonces es muy fácil trabajar con él. Con respecto a la tragedia, la primera vez que lo pasamos fue un horror y es terrible atravesar eso cada noche. Yo termino la función y, si bien siempre me vuelvo un poco antisocial, en este caso no quiero hablar con nadie, quiero ir a mi casa porque es horrible lo que viven los personajes. Al mismo tiempo, es hermoso.

Richi cuenta que al principio el título iba a ser No es teatro, es deseo, pero no le gustaba empezar por la negativa. “Detesto el no delante de cualquier cosa entonces quedó Es teatro, es deseo. Después se sumó lo de Julieta y Romeo. Abordé este proyecto desde el deseo de ellos y ahí se me empezaron a sumar los otros personajes porque hay óperas sobre muchas obras de Shakespeare. Me vino Cleopatra, Ricardo III, la cuestión del poder, la ambición, la venganza, las diferentes pulsiones. Ahí entendí que el deseo manejó las decisiones de todos estos personajes en cada una de las historias. Todos conocemos Romeo y Julieta, pero me pareció lindo generar esta dramaturgia, darle un toque diferente y poner en escena todo eso que estudié, registrar esos momentos en los que yo me quedé pensando cosas. La idea también era que ese deseo se convirtiera en mi propia voz, que representara lo que yo pienso”.

Esa voz está encarnada por la intervención de Leonora Balcarce, que en la puesta aparece vestida de rojo con su pelo sauvage y su mirada penetrante dirigida a una platea dispersa por Saldías. “Ella es una persona que me conoce muy bien y me parecía lindo que pudiera interpretar ese papel. Además, tiene algo imponente con su pelo, su carácter podrido, su belleza; si quiere puede ser monstruosa (como todos). Ella es tan…“, Richi busca la palabra exacta y Margarita completa la frase: ”geminiana". “Total. Yo soy ascendente en Géminis, ella es Géminis –dice Romina–. El teatro y este deseo están tomados por geminianas poderosas y fuertes. La idea de poner el nombre de Julieta primero parte de una simple pregunta: ¿por qué Romeo tiene que ir adelante?“.

En el excelente prólogo de su traducción para Interzona, Carlos Gamerro dice que acá los sabios son los jóvenes y por eso recomienda acercarse a la tragedia con el corazón abierto, en un estado de candor e inocencia. “Para este elenco elegí muchos jóvenes y el lugar en sí está pensado para jóvenes, circulan muchas bandas emergentes y pasan cosas todo el tiempo. En esta versión, Hamlet y Calibán son interpretados por mujeres. Las nuevas generaciones traen ideas novedosas en relación a los géneros y eso aparece en la obra”, comenta Richi.

La directora estableció algunas alianzas para fortalecer su proyecto: llamó al compositor Ezequiel Silberstein para que la ayudara con la dirección musical y a la coreógrafa Barby Majule para diseñar los segmentos de danza. “Fuimos trabajando juntos en cada momento, pero todo esto va a ir mutando”, adelanta. La directora optó por sacar los recitativos y, en esos pasajes, agregó música. “A través de la actuación, ellos continúan la escena que iniciaron los cantantes. Por eso hay tres Julietas y tres Romeos: está la voz actuada, la voz cantada y la voz bailada. Hay coreografías que empiezan ellos (Balthazar y Margarita) y siguen los bailarines entonces aparecen las diferentes personalidades que puede alojar una misma persona. Hay otro guiño dando vueltas por ahí”, explica.

Una estética y una poética

Hay decisiones muy claras en relación a la estética y el diseño de la puesta. Mucho tiene que ver con el espacio para el que fue concebida. Llegar al Polo Cultural Saldías ya es una aventura en sí misma porque está ubicado al final de la ciudad, a pocas cuadras de la costanera y casi debajo de una autopista. La fachada recuerda a esos viejos edificios berlineses un poco derruidos donde hoy funcionan boliches y centros culturales que entre sus paredes guardan secretos y joyitas del under. Un espacio pelado que se puede moldear según la imaginación.

“Saldías es increíble. Si bien no tiene nada, hay algo de eso que me gusta porque está todo por hacerse. Yo tuve que alquilar las sillas porque no tenían; podíamos tener al público en el piso pero quería que pudieran disfrutar el espectáculo sentados. Armé una platea como si fueran las callecitas de Verona”, comenta Richi sobre una disposición que también forma parte activa de la propuesta. Los espectadores tienen acceso a los fragmentos, están muy cerca de algunos acontecimientos y más lejos de otros, por lo tanto, la totalidad es algo difusa y es coherente con la deconstrucción de la obra shakesperiana.

Como indica el manual de la artesanía del teatro independiente, usaron lo que había a mano: “Encontramos unas tarimas y las metimos, pintamos las cosas de blanco (Capuletto), negro (Montesco) y rojo (el Deseo), nos arreglamos con lo que había. Ubiqué a la banda arriba de una tarima: me parecía lindo que pudiéramos verlos a todos porque suelen estar en una fosa; en un momento se meten en la obra como si fueran personajes. En la primera reunión, Lucas Pombo, fundador de Saldías, me dijo: ‘Hacé lo que quieras‘. Y lo hice”.

Heredar un oficio

Margarita es la hija de Romina Richi y Fito Páez, así que suelen preguntarle por la herencia artística. “Yo me crie en teatros y conciertos, esa fue mi infancia. Decidí ser actriz después de terminar el colegio porque mamá no me dejaba actuar antes, aunque ya habíamos actuado juntas en la peli El padre de mis hijos en 2018. De todas maneras, yo estaba muy en la mía, no es que me moría de ganas por actuar; todavía no sabía muy bien qué quería hacer, me gustaba tocar el piano y era muy payasa, bailaba, pero no lo viví como algo feo”, recuerda Páez, y su madre agrega: “Yo quería que terminara el colegio porque si no es un lío. Fue a un colegio que era muy difícil y, si no terminaba, iba a ser una tortura después. Yo lo viví en carne propia: terminé el colegio a los 26 años. Creo que cada cosa tiene que ser a su tiempo. Ella tenía el futuro de actriz asegurado porque es lo que quiere: estudió, se preparó y está haciendo su camino”.

Ese camino incluye una formación con varios maestros, entre ellos Norman Briski (“al principio me daba miedo y ahora lo amo”), Ricardo Bartis, Silvina Sabater y Francisca Ure, quien la ayudó a trabajar el papel que interpreta en Barreda, la película dirigida por Daniela Goggi que narra el cuádruple femicidio perpetrado en 1992 por el odontólogo de La Plata. En esta producción Margarita interpreta a Adriana, una de las hijas del femicida, y trabajó junto a Luis Machín, Mercedes Morán y Maite Lanata. Cuando se incorporó al proyecto sabía poco del caso, lo poco que se supo durante años por el sesgo con el que se narró el caso en los medios: al hombre le decían conchita y por eso mató a su familia. “Hacer esta peli fue un privilegio total. Quedar en un casting depende de muchísimos factores, no sólo del director de casting. Para mí fue una locura, trabajé con grandes actores. Si uno estudia, trabaja, se forma y está en movimiento, las cosas llegan. Tenés que hacer tus obras, tus proyectos y las cosas que tengas ganas de hacer porque eso es lo que termina convirtiéndote en artista”, asegura Páez.

Sobre los desafíos de producir en el contexto actual, Richi define el teatro como “un espacio de resistencia” y dice: “A mí me llaman y puedo trabajar, pero hay una gran cantidad de actores y actrices que no tienen dónde desarrollarse. A veces te dicen que hay que ponerse a hacer, pero también hay que tener la fuerza para hacerlo contra viento y marea. Y hay que trabajar para pagar la luz, el gas. Yo hoy tengo un lugar pero a mí nadie me regaló nada: trabajo desde los 12 años y vengo de una clase social media baja, me fui ganando las cosas. Creo que hay que unirse y buscar lugares para producir porque si no nos pisan la cabeza”.

*Es teatro, es deseo: Julieta y Romeo puede verse los sábados 10 y 24 de octubre a las 20 en Polo Cultural Saldías (San Pedro de Jujuy 4). Entradas por Passline.

Autor: admin